El jazz en España comenzó en los años 20, cuando este género musical llegó al país tras su explosión en Estados Unidos y su entrada a Europa, especialmente a través de Francia. A diferencia de otros países europeos, donde el jazz fue adoptado rápidamente, su desarrollo en España fue inicialmente lento. Sin embargo, en ciudades cosmopolitas como Barcelona y Madrid, este estilo empezó a ganar popularidad en la vida nocturna y en las salas de conciertos, especialmente en los clubes de artistas y en eventos culturales.
En los años 30 y 40, el jazz vivió una etapa compleja en España. La Guerra Civil (1936-1939) limitó la expansión de géneros extranjeros como este. Aun así, algunos músicos y clubes que mantenían una fuerte conexión cultural con París, tocaban esta música de manera clandestina.
Fue en los años 50 cuando el jazz comenzó a consolidarse en España, en parte gracias a la apertura cultural que trajo el fin del aislamiento de posguerra y el interés por la cultura estadounidense. Comenzaron a proliferar los clubes de difusión de este género y, a medida que el jazz ganaba terreno, artistas locales comenzaron a destacarse, adaptando el estilo estadounidense a su propio contexto. Durante esta época, Tete Montoliu, pianista catalán y uno de los músicos de jazz más reconocidos de España, comenzó a hacerse un nombre internacional. Montoliu, quien tocó con figuras como Dizzy Gillespie y Rahsaan Roland Kirk, representaba la conexión entre el jazz español y el americano.
Los años 60 y 70 fueron un período de expansión del jazz en el país, con el surgimiento de festivales de jazz como el Festival de Jazz de San Sebastián (1966), que sigue siendo uno de los eventos más importantes de este género en Europa. Estos festivales no solo ofrecían una plataforma para los músicos locales, sino que también atraían a figuras internacionales, permitiendo que el público español experimentara de cerca las innovaciones que ocurrían en el mundo del jazz.
En las décadas de 1980 y 1990, el jazz en España comenzó a diversificarse y a mezclarse con otros estilos. Músicos como Jorge Pardo y Carles Benavent integraron elementos del flamenco, creando un jazz único y genuinamente español conocido como «jazz flamenco». Esta mezcla de tradición y modernidad capturó la atención de la audiencia nacional e internacional, y artistas como Paco de Lucía colaboraron en proyectos que ampliaron los horizontes del jazz español.
Hoy en día, el jazz local goza de una gran popularidad y cuenta con una escena vibrante y diversa. El jazz español ha encontrado su propio estilo, mezclando sus raíces con la riqueza musical y cultural del país. Esta evolución ha permitido que España tenga una voz única dentro del panorama del jazz europeo y mundial.
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